sábado, 17 de diciembre de 2016

EL CORTEJO



    Acudió en cuanto se produjo el ensordecedor sonido, porque ella siempre está alerta.
    Delicadamente va acariciando las pequeñas cabecitas y depositando un beso en su frente, una a una, un beso melancólico, tenue, cuasi amoroso, pero gélido, a fin de cuentas es el definitivo y, en aquél caso especialmente, no es fácil elegir a quién dar ese maldito ósculo que abre las puertas de la noche eterna.
    Las niñas jugaban en el patio cuando la escuela saltó por los aires hecha añicos por un error logístico al lanzar el misil. Cosas de la guerra. Las muchachitas apenas tuvieron tiempo de darse cuenta de lo que pasaba.
    Con innegable tristeza, la parca, tras repartir sus besos de muerte, preside el cortejo de infantiles almas que se elevan en el cielo hasta perderse entre las blancas nubes, ajenas a los gritos, a los llantos, a las ciegas miradas de quienes no pueden ver más que cuerpecitos destrozados y no los espíritus que albergaban y que sutilmente se alejan hacia la eternidad.

JF. 01.11.16

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